Variabilidad Cardíaca en deportistas
La frecuencia cardíaca se ha empleado como un indicador de fácil reconocimiento y de alta fiabilidad para el control de las cargas de entrenamiento de casi cualquier deporte, y especialmente de los que se conocen como cíclicos, entre ellos la natación, el ciclismo y por supuesto, la carrera.
Es evidente que la frecuencia cardíaca traduce muchos fenómenos que revelan la forma en la que el organismo se adapta a un estímulo externo. Así, por ejemplo, sabemos que la frecuencia cardíaca está directamente relacionada con el aumento o disminución de ciertas sustancias que se segregan en órganos internos y viajan a través de la sangre, lo que se conoce como respuesta neuroendocrina y que, cuando se incrementa la intensidad del ejercicio, aparecen en el fluído hemático altas concentraciones de sustancias como la adrenalina, la cual aumenta la frecuencia cardíaca.
Otra interacción directamente relacionada con el aumento de la intensidad del ejercicio y la consecuente elevación de la frecuencia cardiaca, es la necesidad que tiene el cuerpo de aumentar la cantidad de moléculas de oxígeno para llevarlas a diferentes órganos y tejidos como el sistema muscular, el corazón y el cerebro, principalmente.
Pero, ¿Es el aumento de la frecuencia cardíaca un indicador constante ante la creciente intensidad del ejercicio?
En otras palabras; si mi frecuencia cardiaca en reposo es de 60 pulsaciones por minuto, ¿Eso quiere decir que mi corazón da un latido exacto cada segundo? O cuando aumenta a 120 pulsaciones por minuto ¿Eso significa que mi corazón late cada 0.5 segundos exactamente?
La respuesta que, desde una perspectiva cuadrada, debería ser un sí rotundo, en realidad es NO. La frecuencia cardíaca es variable tanto en estado de reposo como durante una actividad física, y se verá afectada también, según el envejecimiento o si existe alguna enfermedad. Es decir, cuando mi corazón late a 60 veces por minuto es posible que un latido aparezca a 1.03 segundos después del anterior y el que sigue a 0.88 segundos del que lo precede, etcétera. En otras palabras, la media de mi frecuencia cardíaca será 60 latidos por minuto, pero las distancias entre latido no son exactamente la división del numero de latidos entre el tiempo medido. De hecho entre más variabilidad tenga mi frecuencia cardíaca (dentro de rangos ya conocidos, por supuesto), más adaptable es mi corazón y por ende más capaz de reaccionar ante eventos súbitos.
Esta variabilidad como ya mencioné arriba, disminuye con la enfermedad, el envejecimiento y el sobre entrenamiento.
Este conocimiento empieza desde hace algunos años a filtrarse en el mundo del deporte, para poder establecer situaciones en donde a través de la medición mas íntima de un indicador; se puedan evitar situaciones indeseables para quienes dedican su vida al deporte.
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imagen: josesotillo.blogspot.com







