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Dietas: emociones a salvo

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Endocrinólogos y nutricionistas están cada vez más conscientes de que sólo triunfan las dietas que tienen en cuenta las emociones

Beatriz Cardona/Estampas

No existe régimen que funcione si no se adecua al temperamento y carácter del individuo o no toma en cuenta sus emociones y las situaciones que está viviendo en un momento determinado. Esta afirmación, cuya lógica parece evidente, ha costado muchos años en ser asimilada, ya sea por quienes desean perder kilos como por los especialistas que deben ayudar a conseguirlo.

Las circunstancias afectan

Así como cada vez hay más personas que tienen claro que las dietas milagro no sirven de nada, también aumenta el número de endocrinos y nutricionistas que tienen presente que lo primero que deben hacer es indagar sobre las circunstancias personales y familiares de quienes acuden a ellos, porque los cambios en la alimentación no los puede afrontar igual alguien que tiene cargas familiares importantes (como varios hijos pequeños o un padre que no puede moverse) frente a quien debe cocinar para un adolescente con muchas manías y costumbres poco saludables a la hora de comer.

Otro aspecto relevante a analizar es la seguridad y empeño de cada quien: hay quien se ve capaz de perder peso desde el primer momento; y quienes necesitan un refuerzo constante.

Barreras mentales por superar

Según los entendidos, existen diversas barreras emocionales que hacen engordar e impiden adelgazar. Es clave que, si las reconoce, busque herramientas para romper con ellas y lograr su objetivo. Ellas son:

– Ansiedad: muchas personas la compensan comiendo ciertos alimentos que provocan bienestar, los cuales aumentan el nivel de glucosa en sangre y estimulan la segregación en el cerebro de serotonina y endorfinas, que son las llamadas hormonas de la felicidad.
– Falta de voluntad: puede pensar que fracasa con la dieta porque no tiene fuerza de voluntad. Pero todos poseemos la misma y sólo debe aprender, paso a paso, a ponerla de su parte para avanzar.
– Bloqueos diversos: hay quienes, en lugar de afrontar los problemas, intentan huir de ellos a través de la comida. Por eso, cada vez que se sienten tristes, enfadados, apáticos o con problemas, se saltan la dieta compulsivamente.
– Baja autoestima: valorarse en positivo es básico para tener mayor empeño y no caer en el típico “nunca perderé peso”. Además, si aumenta la autoestima, disminuye la obsesión por adelgazar.

Reeducar el paladar

Actualmente, las personas tienen el termostato de sabor totalmente alterado como consecuencia de la diversidad de aditivos que emplea la industria alimenticia. El paladar tiende a cambiar según las costumbres que cada quien va acogiendo, es decir que, cuanto más graso, salado, ácido o dulce coma, más el gusto y en particular el cerebro va a pedirlo, buscando, cada vez, superar esa intensidad de sabor. Sin embargo, este es un acto cambiable; se puede reeducar el paladar y que éste torne a degustar lo natural y sencillo.

También se ha perdido parcialmente o incluso del todo, el placer de cocinar. Las personas ya no tienen ganas ni tiempo para ello y van perdiendo día tras día el contacto con los alimentos naturales, el descubrir el tacto y olor del antes y después de ser cocinado, el presenciar su transformación, el tener control sobre la calidad y también, el sentirse por un lado partícipes de experimentar algo de magia, de alquimia en la cocina y por otro, sentirse capaces de proporcionar a la vez placer y salud, es decir felicidad.

El estilo de vida actual no hace más que potenciar un círculo vicioso: estrés, ansiedad, insomnio, depresión y la pérdida de orden e higiene alimentaria.
A cada estado anímico y físico le conviene un tipo de alimentación para evitar que vaya aumentando (adquiriendo efectos negativos irreversibles) a la vez de aportar lo necesario para encontrar el equilibrio y optimizar la salud.

Un desequilibrio alimentario además de mantener un estado emocional-físico no deseado puede eternizarlo y empeorarlo dando como resultado ciertas enfermedades o trastornos como migrañas, colon irritable, candidiasis, fatiga crónica, estreñimiento, obesidad, hiperactividad, déficit de atención, artrosis, alergias, entre muchas otras.

Por tanto, es un deber tomar conciencia del auténtico valor de un acto que se repite varias veces al día como es el comer. Un alimento cumple con varias funciones, siendo una de ellas la de ser medicina, por lo tanto, resulta necesario ser consecuente y responsable a la hora de seleccionar lo que se va a ingerir.

Expertos que escuchen

También es sumamente importante escoger a conciencia al profesional que le ayudará a vencer sus problemas de peso. Si observa que el especialista no le escucha de verdad y que se limita a pesarle y medirle y a sacar de una gaveta la misma dieta que podría haberle dado al paciente anterior, quizá necesite otro asesor.

Cuando las personas entienden lo que sucede en su interior, es cuando pueden aceptarlo y sólo a partir de entonces, modificarlo o cambiarlo si lo desean. Por eso, la psicología y la buena gestión de las emociones también forman parte de la terapia para adelgazar y comer mejor, y toda persona tiene derecho a beneficiarse de ello.

Conexiones:
www.farmacia-internacional.net
www.biomanantial.com
www.alimentacion-sana.com.ar

Foto: Photos.com

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Sobre el Autor

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