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El desafío que me fidelizó con el trail running

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Crónica desde adentro de una corredora peruana en El Cruce 2015.

Por: Luciana Rodrivalle

Nunca imaginé que en algún momento de mi vida tendría la oportunidad de vivir una experiencia de aventura tan desafiante. Recuerdo como si fuera ayer el mes de mayo del 2014 cuando corrí mi primera 21K y sorprendida por el buen tiempo que marqué impulsivamente decidí consultarle a mi entrenadora si me veía el potencial suficiente para participar en El Cruce de los Andes, la carrera de trail run más grande de Sudamérica, me dijo que sí y a la semana ya había pagado la cuota de inscripción a la carrera.

A partir de ese momento, evidentemente, mi rutina de entrenamiento cambió dramáticamente, convirtiéndose en una rutina tortuosa que demandaba mucha dedicación, esfuerzo y compromiso. Mi rutina de vida en general cambió drásticamente, cambiando muchas veces salidas con amigos por horas de sueño para salir a primera hora del día siguiente a hacer fondos de 15, 20 y 30km y participar en competencias de trail y de calle de medianas distancias como parte de mi entrenamiento. Tuve un total de 9 meses de entrenamiento para El Cruce de los Andes y sinceramente les garantizo que puse todo de mí en cada uno de los entrenamientos. Al mismo tiempo; conforme fue pasando el tiempo fui concientizando sobre la magnitud de carrera en la que me había inscrito, sin embargo estaba decidida a demostrarme a mí misma que podía cumplir con la exigencia que una carrera de esa envergadura demandaba. Y fue así como llegó el gran día.

Jueves 5 de Febrero de 2015, primer día:

25.5 kms. Las largadas iniciaban a las 8:30am, nos habían dividido por grupos de salida que iban del 1 al 7 dependiendo del tiempo de 10K que habíamos puesto en el documento de inscripción. Al parecer el tiempo que registré en ese momento fue uno de los más altos de la carrera porque me tocó salir en el último grupo.

No corría sola, por suerte fui contactada por un grupo de corredores peruanos que también venía a completar El Cruce y tuve la oportunidad de integrarme en su grupo haciendo que la experiencia de vivir El Cruce de la cordillera de los Andes sea mucho más divertida aún.

Todo el grupo de peruanos largaba en diferentes grupos así que nos despedíamos ni bien llegábamos a la zona de largadas y conveníamos en vernos una vez que finalizara la primera etapa.

Finalmente terminé largando a las 11am, saliendo prácticamente en el último grupo de la carrera lo cual tuvo varios pros y contras. Al salir casi al final, me tocó correr junto a corredores más lentos que yo motivo por el cual toda la carrera me la pasé adelantando a los corredores que iban apareciendo en mi camino.

Largamos desde Cerro Catedral y la primera etapa culminaba en un campamento armado a orillas del Lago Gutiérrez en el campamento de los baqueanos. Iniciamos la carrera evidentemente súper motivada, pero fue grande la sorpresa cuando apenas en el KM 2.5 nos esperaba una subida de más de 1000 metros para hacerla en un marco de 4 km. Yo aguerrida, no había llevado bastones confiando en la fortaleza de mis piernas que sinceramente nunca sentí tan entrenadas en mi vida. Sin embargo a la mitad de esta subida ya me estaba arrepintiendo de tal salvaje decisión. Me caí 7 veces subiéndola debido a que el piso era de piedras no necesariamente fijas y varias veces mi pie pisó en falso. Me hice heridas en las manos, pero por suerte nada que me impida seguir con el recorrido. Después de esta subida vino una bajada de piedras importante también en el que sumé un par de heridas más en mis manos y los últimos 10KMs ya fueron sobre un sendero de tierra rodeado de vegetación que en el último KM se abría al aire libre visualizándose en el fondo el Campamento #1 a los pies del lago Gutierrez. ¡Cómo disfruté meter mis adoloridos pies a ese lago helado por Dios! Mi tiempo el día 1 fue de 5hrs 20min, había iniciado 15ta de mi categoría.

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Viernes 6 de Febrero de 2015, segundo día:

44 kms. Logré descansar bastante bien la noche anterior después de comer toda la pasta que me ofrecieron y de compensar proteínas con una lata de atún que llevé entre mis cosas. Inició la carrera y eran 44 kms importantes. Personalmente nunca había corrido una maratón en mi vida así que 44 kms no era una cantidad menor para mí. La carrera inició sobre un territorio sencillo, camino de tierra con piedras que podían sortearse, luego iniciaron unas subidas que no igualan a las del día 1 pero que hicieron trabajar mucho a los cuádriceps, vinieron descensos y pequeños caminos sobre piedras.

A lo largo del día 2, pasamos junto a la isla corazón, increíble realmente, tiene la forma de un corazón perfecto. Este requirió mucha constancia en el esfuerzo físico, manejo de ritmo de carrera constante, si bien los senderos cambiaban constantemente (¡recuerdo que en el km 26 corríamos inclusive sobre arena!) mantener un buen nivel de ritmo era clave para no quemar energía y poder adelantar esos 44 kms lo más rápido posible.  Logré llegar ilesa el día 2 al campamento #2 situado a los pies del cerro Tronador, otro paisaje espectacular. Mi tiempo fue de 7h 20min, iba 11ra de mi categoría.

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Sábado 7 de Febrero de 2015, tercer y último día:

34 kms. Fue sumamente complicado para mí iniciar la carrera este día. Debido a que mi rendimiento fue superior el día 2, el lograr mantener tanta constancia rítmica a lo largo de los diferentes sectores y el no bajar el ritmo en las constantes subidas que presentaba la ruta hicieron que mis cuádriceps colapsaran y partir el día 3 fue todo un logro para mí. Este fue el único día en el que corrí empastillada de relajantes musculares y antiinflamatorios que me permitieron minimizar el dolor que sentía en las piernas. La ruta del día 3 fue mucho más tranquila, menos técnica y ágil. Recuerdo cerca del KM 20 un recorrido inmerso una tupida jungla realmente maravillosa en el que correr fue un premio, nunca me olvidaré de ese paisaje tan increíble.

En el km 26 después de una subida altamente empinada llegábamos a migraciones Chilenas para recibir el permiso de ingreso a Chile y corrimos aproximadamente 3 kilómetros en selva chilena. Finalmente en el KM 31 llegábamos a una zona de tiempo muerto en donde esperábamos a un barco que nos trasladaría al otro lado del lago Frías para correr los 3kms finales de la carrera hasta Puerto Blest. Recuerdo claramente que mi cuerpo me regaló energía extra para correr esos 3kms finales lo más rápido posible y llegar a esa meta triunfante y sonriente después de todo el esfuerzo, estrategia y mente invertidos en la larga carrera de 104km. Finalmente había llegado el momento de culminar esta increíble experiencia, había llegado el momento de demostrarme a mí misma que todo lo que uno se propone es alcanzable siempre y cuando lo quiera de corazón. Con mis 7 horas del día 3 logré quedar en el acumulado 10ma de mi categoría. En total correr los 104km me tomó 19:40hrs.

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Nunca olvidaré El Cruce, ¡me lo llevo como una de las mejores experiencias de mi vida!

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