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Estuve en: Mundial de Ciclismo de Ruta en Holanda (2/2)

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Por Cristóbal Sahr

Veo las pantallas y el locutor anuncia que se aproximan al Cauberg. Súbitamente, como si de una pantalla de cine saliera realmente el tren de Lumiere a toda velocidad en contra del público, aparece el pelotón de ciclistas subiendo el Cauberg. Ahí van Contador, Valverde, Boonen, Gilbert, Nibali, todo el elenco de actores que se hacían realidad.

Aquí llego a un punto ambiguo, incómodo. Son años de pantalla, de ser espectador y visualizar esta escena en un espacio simbólico, ajeno a lo directamente real: las oportunidades en que he estado en mundiales de mountainbike por CicloPro, siempre trabajando detrás de las cámaras, mirando por el viewfinder. El imaginario en este escenario choca con lo real, es verdad. Éste es el Cauberg y ése que ataca en la subida es Contador.

Revista PuroFondo Chile

Oyarzún y el choque con lo real

En estas elevadas reflexiones voy cuando como un niño, caigo directo en la emoción. El único chileno en esta carrera es Carlos Oyarzún, pedalero emigrado -como tantos-, a la fuerza para buscar espacio como deportista de alto rendimiento. Va con la tricota de Chile en cada subida protegiendo su vida, salvándose frente a las potencias en el Mundial de Ruta. A Carlos lo conocí a comienzos de año en Chile; subimos pedaleando a Portillo junto al team USM Skechers. Es un mateo, un cabezón, sabio y aterrizado, está en la crème dela crème y te la cuenta toda, transparente, un buen tipo. Ahora lo veo ahí, dejando la vida en cada vuelta, que grande, que profesional.

Segunda emoción

El locutor anuncia que Mark Cavendish se ha cortado del grupo, reventado por el trabajo para su equipo… no puede más con el ritmo de la carrera. El pelotón sube el Cauberg y el locutor pide un aplauso para el campeón defensor. Ahí viene Cavendish, derrotado, destruido, hizo su tarea, sin ocultar la decepción por la labor que le tocó cumplir el día de hoy. El Cauberg de pie grita y apoya como nunca su nobleza, su labor de servicio, su opción por el bien común de su país.

Continúa la carrera. Los belgas son los que más gritan, con fe ciega en su equipo dispuesto para su capitán Phillipe Gilbert. Los ataques de Contador no funcionaron, los italianos ponen su artillería en el último giro, entran al Cauberg, todos gritamos, sale Nibali, no puede, va Gilbert, tremendo, imparable. Sale Boassen Hagen, Valverde…. Es demasiado tarde, los belgas lo hacen de nuevo y Gilbert corona su carrera con un mundial impecable. Los holandeses tristes, sus eternos rivales… los belgas celebran en casa ajena. Mientras ellos hacen salud, yo estiro mi bandera, ahí viene Oyarzún, le grito como puedo, va enfocadísimo, lo veo alejarse en la cima camino hacia la meta. El público sobrepasa las vallas, todos llenos de emoción, todos cantan, celebran, mueven sus banderas al viento. Esto es una fiesta, las calles repletas de gente y las pantallas pasando una y otra vez a Gilbert mostrando la tricota de su país.

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De vuelta al tren, estoy hiperventilado, emocionado y sintiendo también un peso de responsabilidad. Tanto por hacer en nuestro país. Tan lejos que se ve la meta por momentos, momentos de angustia, ¿por qué no nací en el Cauberg? Con todo a la mano, con esta cultura hecha y derecha, que goza y celebra civilizadamente… Tranquilo joven cronista, baja la cabeza y haz como Oyarzún, trabaja en silencio, profesional. Nuestros Andes son cien veces más grandes que el Cauberg. Hagamos que el mundo los conozca, y celebrémoslo en una gran fiesta.

Lee la primera parte de Estuve en: Mundial de Ciclismo de Ruta en Holanda (1/2) | http://soymr.info/13esGHQ

Foto y Fuente: Revista PuroFondo Chile

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