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Hydration in the Tropics / Hidratacíon en el Trópico

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We’re in Manaus!! The city in the middle of the Amazon rainforest. After running over 670 km from Humaita in 22 days, crossing 260 bridges and eating our way through two trailers worth of food; we arrived filthy but elated and finally limped into bed after consuming a m ountain of food!
Apart from leaf-cutter ants creating neat little holes in Dave´s running shorts and socks, the main problem of this section of the run was water in its various forms.

First: Humidity. Wow! It registered between 80-100% most days and we easily both drank well over 10 litres of water per day.
This caused: Sweat; torrents pouring down our bodies.

This translated into mega re-hydration and pumping of water from rivers, ditches, puddles, swamps, lagoons- wherever. Much of the water we were passing probably was safe to drink directly, but we had no guarantee that gold mining, for example, had not contaminated it and could not afford an illness which would prevent us from running. We had allowed food rations in case of an injury, but did not have enough supplies to cover a prolonged illness.

So out came our “Lifesaver” filter bottle. This bottle has been a crucial item of kit on the expedition, as the series of filters extract bacteria, amoebas and also metals, allowing us to drink any water freely.

But pumping water each day took time and added to the hours we had to run under the sun´s scorching rays. Which lead to problem two: prickly heat and rubs.

My thighs and waist came up in great angry red welts as the pores in my skin could not freely perspire, partly due to the sun cream I was using. While Dave was sweating so much, that he would frequently have to stop to wring out his t´shirt and shorts to prevent the dreaded inner thigh and nipple rub!

On the plus side, water was everywhere, so each night, no matter how tired or how black the cloud of mosquitoes was, we would ensure that we had collected a 10 ltr bag of water to wash. Pouring tea-coloured, cool Amazon water over our salty bodies was utter bliss.

But if we found a camp in the forest early enough with a river close by, this would transform into actually sitting in the river and feeling its cooling flow lick over our bodies, allowing all the hot, sore running miles to gradually fade away.
Hidratación en el trópico: atravesar el Amazonas corriendo
¡Estamos en Manaus! La ciudad en el centro de la selva amazónica. Después de haber corrido 670 Km desde Humaita en 22 días; después de haber cruzado 260 puentes y haber comido el contenido de dos carritos llenos, llegamos, sucios pero eufóricos; y ahora nos arrastramos hasta una cama después de habernos saciado con una montaña de comida.
El problema principal con el que nos encontramos en esta sección de la carrera – aparte del problema de las hormigas cortadoras que dejaron una serie de agujeritos redondos en los shorts y las medias de David– fue el agua en sus varias formas.
Primero, la humedad. ¡Guau! Registramos entre 80 y 100% la mayoría de los días, y los dos bebimos al menos 10 litros de agua por día.
Consecuencia: traspiración brotando a caudales de nuestros cuerpos.
Esto significó la necesidad de una mega rehidratación, y bombear agua de ríos, zanjas, charcos, pantanos, lagunas –lo que sea. Es probable que el agua que encontrábamos era potable y la hubiéramos podido beber directamente de su fuente, pero no teníamos garantías de que la minería del oro, por ejemplo, no la hubiera contaminado, y no podíamos darnos el lujo de adquirir enfermedades que pudieran impedirnos continuar con la carrera. Pusimos comida extra en el carrito por la eventualidad de alguna lesión, pero no teníamos resto para sobrellevar una enfermedad prolongada.
Así que usamos nuestro “Salvavidas”: la botella filtro. Esta botella ha sido un instrumento crucial en nuestra expedición, ya que tiene una serie de filtros que extraen bacterias, amebas y hasta metales, permitiéndonos beber cualquier agua libremente.
Pero la tarea de bombear agua cada día lleva mucho tiempo, que se sumó a las horas que teníamos que correr bajo los rayos del sol calcinante. Lo cual derivó en el segundo problema: la sudamina y las rozaduras.
Mis muslos y mi cintura se llenaron de unas ronchas rojas horrendas debido a que los poros de mi piel no podían traspirar libremente, en parte por la pantalla solar que me había puesto. Dave, por otro lado, traspiraba tanto que constantemente tenía que parar para estrujar la remera y los shorts, y evitar las temidas rozaduras en la entrepierna y las tetillas.
Mirándolo desde el lado positivo, había agua por todos lados. Así que cada noche, no importa lo cansados que estuviéramos, o el tamaño de la nube de mosquitos que nos acompañaba, juntábamos una bolsa de 10 litros de agua para lavarnos. La sensación del agua marrón y fresca del Amazonas corriendo por nuestro cuerpo salado, era de total éxtasis.
Pero, si encontrábamos un lugar para acampar cerca de un río, la ducha se transformaba en un baño, sentados en el agua, dejábamos que la frescura de la corriente masajeara nuestros cuerpos, llevándose poco a poco el calor y el dolor de las millas corridas.
Aquí un video en ingles como “hacer” agua limpia para el blog: 5000mileproject: How do we treat our water

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