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Rains prove it is better not to throw caution to the wind

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As I write the rain is pummeling down on the thatched roof of the Hostel– a sage reminder that the “dry” season is not entirely sure it has arrived. And a reminder too that the decision we took to run 150 miles west to avoid the inundated wetlands in the middle of Bolivia was probably the right thing to do. Had we not, we could have been seriously cut off today and unable to go forward or back!

We are in Santa Rosa, in the northern Province of Beni, Bolivia. The flags on our dynamic map at the bottom of each page on our website are correct, we really have gone sideways! Over the last 3 weeks we have yet to change a degree in latitude, the most important measure of progress on our challenge. Today though, we get to step north again into a new degree! For the next two weeks we will be in the most remote corner of Bolivia, and will not run past more than a few isolated communities in the next 420km / 260miles.

Bags are packed with 2 weeks of provisions, hoping to reach Riberalta on plan, before our visa runs out. Due to the extra burden on the trailer of 14days of provisions we have had to put ourselves onto a diet if dried foods only, no fruit/veg for this leg, unless we can find it. There are some options for wild food – the best of which is also the food of our beloved Blue-throated Macaw, the Motacu palm nut! It’s half way between avocado and banana in flavor, and a real bugger to get into!

We had been researching options for a long time about how to handle this big diversion – and couldn’t ever really believe it was going to be necessary. Information on much of the route to date has only been available in the town before, any further away and the details became sketchy or opinions a touch wild. I hope this blog may help fill the void for others wanting to pass through this way. Midst the weight of evidence to the contrary, we ran on, hoping a solution may just drop into our laps. We are, after all, quite prone to opportunism! It nearly did – we discovered an ill-defined route (yellow below) taken by black-market goods vehicles and probably narcotics too, very direct between Puerto Silas to Guayaramerin , but it’s only possible once the waters of the rainy season have subsided. It was borderline and for once we opted for caution. Then we played with the idea of breaking the route, using transport to bridge the gap West. Tempting though it was, it would have muddied the waters on our record attempt, and we decided the most important thing was to remain very clear on the logistics rather than risk a “Garside”, (click to find out more).

So, damage limitation was our only option, and despite various counsel to the contrary we headed west on dirt roads but snipped a bit off by electing a shortcut through an enormous estancia, saving hundreds more kilometers. The “Nogales” pass (in pink on the map, the shortcut is line where it is separate from the red line) has taken three days and has been a highlight of Bolivia, and in fact the whole expedition. The road, or path, is 100km long and the last third only really passable by two wheels, in whichever configuration they happen to be. The trailer performed brilliantly. A multitude of rickety bridges hampered progress, some we had to be very careful on, literally inching forward, making sure both wheels were just on the hewn palm makeshift causeways. Caiman waited below, though to be fair, it would be an exaggeration to say they were man-eaters!

Hunting and fishing are prohibited on the estancia, and wildlife abounds. We camped alongside a troop of massive capybara, an overgrown rodent the equivalent size and function of sheep at home! They chewed water plants noisily all night and were relieved to be able to pass on their midgees to us! Night hawks and snakes, roseate spoonbills and a mountain of other waterbirds shared the bog with us as we zipped forward on our ancient causeway, aside wetlands and cattle-grazed clearings. 10,000 cows shared the route with us too.

We also chanced upon a community midway, farmhands for the estancia, with a tiny, rural school. They didn’t have a projector, but we did, and had a fantastic little session with kids

from 5 to 12yrs old. A chance to play our new board game too, painted onto one of our tarps. Everything must serve at least two purposes in our kit! The community leaders joined too and in some ways we were actually tailoring the message to them as much as the children; they cohabit a wonderful natural asset here in their home, and that there are little things they can do to make sure it doesn’t become contaminated or species endangered by the pet trade etc. We have mentioned before I think that we are not obliged by any of our grants to do these sessions but that our self-imposed target of teaching 1000 kids about ecosystem services has proved to be an incredible pleasure, and, although terrifying at times, has become a real motivation to keep edging forwards. These rural schools are not visited much, expectations are fairly low, and with a class of 24 there is no need for nerves. As Kath presented her slides I leaned into the wall, watched the class, gazed out the window and really relaxed.

OK – rains passing, time to run…… we leave some some photos to help fill in the gaps of this curious diversion!

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La lluvia nos confirma que es mejor prevenir que lamentar

Mientras escribo, la lluvia cae a raudales sobre el techo de paja del hospedaje, recordándome que tal vez la estación seca no se ha dado cuenta de que ha llegado. Y también nos recuerda que la decisión que tomamos de desviarnos unos 270 Km de la ruta para evitar los humedales inundados en la parte central de Bolivia, fue una idea acertada. Si no lo hubiéramos hecho, la lluvia de hoy nos hubiera definitivamente cortado el camino.

Estamos en Santa Rosa, en la provincia norteña de Beni, en Bolivia. Las banderitas que muestran nuestro recorrido al pie de cada página de nuestro sitio no están equivocadas: caminamos hacia el costado, no hacia arriba.

Tres semanas corriendo y todavía no cambiamos ni un grado de latitud, la medida más importante que marca nuestro progreso. Hoy, sin embargo, empezamos a correr hacia el norte otra vez. En las próximas dos semanas estaremos en el rincón más remoto de Bolivia, y apenas pasaremos unos poblados esparcidos en los próximos 420 KM.

Ya empacamos dos semanas de provisiones, con la esperanza de llegar a Riveralta de acuerdo al plan, ¡y antes de que expire nuestra Visa! Dado que llevamos peso extra en nuestro carrito, por las provisiones que debemos cargar para los próximos 14 días, nos hemos sometido a una dieta de comida disecada solamente, ni fruta ni verduras para este trecho, a menos que las encontremos en el camino. Hay algunas opciones en el campo de la comida silvestre, la mejor es también la preferida de nuestro querido guacamayo de cuello azul: el fruto de la palmera Motacu. De un sabor entre el aguacate (la palta) y la banana y por demás difícil de conseguir.

Hemos investigado hasta el cansancio la forma de resolver el problema de este desvío, y nunca de verdad creímos que iba a ser necesario. Solo hemos obtenido información sobre el camino que nos espera, en el último pueblito, todo lo que escuchamos antes era confuso y contradictorio.
Tal vez este blog ayude a otros que quieran hacer este mismo recorrido, con algo más de información que nosotros. Nosotros, simplemente seguimos corriendo, esperando que una solución nos cayera del cielo. ¡No sería la primera vez!
Y casi sucede: descubrimos un camino borroso (marcado en amarillo en el mapa) usado por el mercado negro, de autos y tal vez también de narcóticos, directamente desde Puerto Silas a Guayamerín. Pero este camino solo es posible cuando la temporada de lluvias haya terminado. Era demasiado riesgoso, y por esta vez, optamos por la precaución. Luego se nos ocurrió “cortar” la ruta, usando transporte para puentear el espacio hacia el este. Pero esto, por más tentador que se nos aparecía, hubiera significado poner un velo de duda en nuestro record, y decidimos que lo más importante sería ser claros con la logística, y no arriesgarnos a cometer un “Garside” (siga el enlace para averiguar más sobre Robert Garside, la primera persona en dar la vuelta al mundo corriendo).

Por lo tanto, nuestra única opción era “limitar el daño”, y a pesar de quienes opinaban lo contrario, nos dirigimos hacia el oeste por caminos de tierra; igual nos la ingeniamos para cortar un pedacito de la ruta, atravesando una estancia enorme, ahorrando así varios cientos de kilómetros. El paso “Nogales”, la línea rosa del mapa que se separa de la roja, nos llevó tres días, y ha sido uno de los mejores momentos de nuestra carrera por Bolivia, y de hecho, de toda la expedición.

El camino, o sendero, es de 100Km de largo, y el último tercio, solo transitable por dos ruedas, de la configuración que sean. El carrito se portó muy bien. Una multitud de puentes destartalados dificultaban el avance, algunos los tuvimos que cruzar con un cuidado infinito, calculando centímetro a centímetro que las ruedas no se salieran.

Los caimanes esperaban abajo… pero para ser sinceros, sería una exageración calificarlos de come–hombres. En la estancia está prohibido cazar y pescar, y la vida silvestre abunda. Acampamos cerca de un grupo de carpinchos gigantes, unos roedores del tamaño de una oveja. Se pasaron la noche masticando ruidosamente plantas acuáticas y nos agradecieron el poder pasarnos sus mosquitos. Halcones nocturnos y serpientes, garzas rosadas de pico cuchareta y una montaña de otras aves acuáticas compartían el pantano con nosotros y nos acompañaban en nuestro avance.

Aparte de los humedales y la tierra desmalezada para el ganado, también nos acompañaron unas 10 mil vacas.

A mitad de camino encontramos una pequeña comunidad, formada por los obreros de la estancia, con una muy pequeñita escuela rural. Ellos no tenían proyector, ¡pero nosotros sí!, así que tuvimos una sesión fantástica con los chicos de 5 a 12 años. Aprovechamos para jugar nuestro nuevo juego de mesa, pintado en una de las lonas.

¡Cada elemento de nuestro equipo debe cumplir, por lo menos, dos funciones! Los líderes de la comunidad se sumaron a los chicos, y de alguna manera, dirigimos nuestro mensaje a ellos, casi más que a los niños; comparten el hábitat con una multitud de especies maravillosas, y hay algunas cosas simples que pueden hacer para evitar que se contamine, o que algunas especies corran riesgos de extinción, por el tráfico ilegal de mascotas, etcétera.
Creo que hemos aclarado ya, que nuestros patrocinadores de ninguna manera nos obligan a realizar estas sesiones en las escuelas, pero nosotros nos hemos impuesto un objetivo: hablar sobre los ecosistemas y sus servicios a 1000 niños. Para nosotros es un placer increíble, y, aunque a veces nos muramos de miedo frente a ellos, estas sesiones se han convertido en una motivación real para seguir corriendo. Estas escuelitas rurales no reciben muchas visitas, y con una clase de 24, no había necesidad de ponerse nervioso. Mientras Kath presentaba las diapositivas, me recliné contra la pared, miré por la ventana, y de verdad, me relajé.
OK, paró de llover, es tiempo de correr. Les dejamos algunas fotos para que observen un poco detalles de este curioso desvío.

Pueden seguir la expedición de Katharine y David Lowrie en Facebook y Twitter o también en su sitio de web www.5000mileproject.org

5000 Mile Proyect

Fotos: 5000 Mile Project

 

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