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Correr en A Coruña: entre mar, jardines y piedra

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A Coruña es una ciudad que cuenta con un volumen de aficionados a correr la maratón, y a correr en general, más que notable. La colaboración del ayuntamiento y la FGA (Federación Gallega de Atletismo) lleva años siendo muy fructífera a la hora de difundir y popularizar la práctica del atletismo, con iniciativas como el Maratón Atlántica Coruña42 y las citas pedestres de A Coruña10 y A Coruña20. El primero aspira a convertirse en uno de los referentes de las citas españolas en la distancia de los 42 kilómetros, en virtud a un recorrido rápido y llano, y a la belleza del entorno. Pero hoy vamos a dejar el cronómetro aparcado para centrarnos en el placer de disfrutar de su trazado.


Y es que uno de los placeres de correr fuera de competición es la posibilidad de volver a recuperar sensaciones de comunión con el entorno que nos rodea, y A Coruña es una ciudad que se presta especialmente bien a tal efecto. Además, de esta manera se potencian en gran medida los beneficios psicológicos de correr: pensemos en que profesionales de los deportes mentales como el póker deciden incluir la carrera en sus rutinas para ayudarles a rebajar la tensión y a mantener la cabeza despejada.


Para nuestra ruta sugerida de hoy usaremos el Paseo Marítimo como eje central. El de Coruña es uno de los más largos de Europa, con más de 13.000 metros que envuelven la península. Dispone de espacio para albergar un carril bici, zona peatonal y carretera. El punto de inicio será la dársena deportiva, situada cerca del Castillo de San Antón y a escasos metros de la Plaza de María Pita y el ayuntamiento. Esta parte del trayecto apenas tiene pendiente y transcurre al lado de los amarres de yates y veleros.

Tras dejar atrás el Dique de abrigo y su característica Torre de Control Marítimo, iniciaremos una pendiente moderada con el Océano Atlántico a nuestra derecha y los Jardines de la Maestranza a nuestra izquierda. Una vez superado el tramo inicial, aparecerá frente a nosotros la Torre de Hércules, el faro romano en funcionamiento más antiguo del mundo, un símbolo de la ciudad. Está rodeada por una zona de campo que finaliza abruptamente en unos acantilados representativos de la escarpada costa gallega.


Superado el faro, iniciamos un suave descenso hacia la zona de las playas más urbanas. Primero, nos recibirá la pequeña playa de Matadero a nuestra derecha. Superada la conocida como “fuente de los surfistas”, nos encontramos con el Orzán, la playa de aquellos a los que le gusta coger olas con su tabla. Está separada de la playa más extensa de la ciudad, Riazor, por un rompeolas que bien merece que hagamos un pequeño lazo en nuestra carrera.


Al llegar al final de Riazor habremos recorrido 1.400 metros de playas que se integran en el núcleo de la ciudad. Nos encontraremos en la “rotonda de las Esclavas”, desde donde podremos disfrutar de una vista panorámica espectacular del recorrido completado y del skyline de la ciudad, incluidos el museo científico Domus y el acuario de la Casa de los Peces, dos de los edificios más reconocibles de A Coruña.

Si continuamos nuestro recorrido, disfrutaremos de algo más de calma en esta zona del paseo, ya que suele estar menos transitada. Volvemos a encarar una pequeña pendiente en la que ya será la recta final del recorrido, acompañados por acantilados, pequeñas playas y el Obelisco Millenium, una pieza de cristal que responde a la Torre de Hércules desde el otro lado de la bahía. A nuestra izquierda nos vigila el Monte de San Pedro, un espacio de jardines, estanques y campo, con un mirador que ofrece la posibilidad de obtener algunas de las mejores tomas de la ciudad herculina.
Cerramos el último tramo en el Portiño, una zona marinera ideal para dejarse mecer por la puesta de sol. Un lugar perfecto para sentarse en la terraza e hidratarse… para iniciar el recorrido inverso o acercarse a la playa y meditar unos instantes frente al sol y al mar.

Si continuamos nuestro recorrido, disfrutaremos de algo más de calma en esta zona del paseo, ya que suele estar menos transitada. Volvemos a encarar una pequeña pendiente en la que ya será la recta final del recorrido, acompañados por acantilados, pequeñas playas y el Obelisco Millenium, una pieza de cristal que responde a la Torre de Hércules desde el otro lado de la bahía. A nuestra izquierda nos vigila el Monte de San Pedro, un espacio de jardines, estanques y campo, con un mirador que ofrece la posibilidad de obtener algunas de las mejores tomas de la ciudad herculina.


Cerramos el último tramo en el Portiño, una zona marinera ideal para dejarse mecer por la puesta de sol. Un lugar perfecto para sentarse en la terraza e hidratarse… para iniciar el recorrido inverso o acercarse a la playa y meditar unos instantes frente al sol y al mar.

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