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Enfermedad de Sever: Una patología de los más jóvenes

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El impulso magnifico que la juventud otorga y ese deseo exaltado a desarrollar habilidades que se presenta en ese particular momento de la vida, en donde la testosterona está a punto de incrementarse de manera notable en la vida de los púberes, sumado al deseo superlativo del núcleo familiar-social a “trascender” a través del deporte y a su vez ensombrecida por una insuficiente orientación sanitaria y pedagógica adecuada, son el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de lesiones características de las que tomaré un ejemplo y me permitiré asignar en lo posible responsabilidades especificas a los integrantes de este.

La enfermedad de Sever, descrita por el Dr. Sever hacia 1912, hace referencia a las alteraciones sufridas por jóvenes con esqueletos inmaduros en edades comprendidas típicamente entre los 11 y 14 años. Generada por el exceso de tracción de estructuras musculo tendinosas sobre su inserción ósea inmadura y que al ser sometidas a tensiones repetidas provocan una alteración en esos núcleos de crecimiento secundario (ubicados en el hueso calcáneo, en la región anatómica conocida como talón). Esto genera dolor y pérdida de la capacidad para realizar tareas motoras tales como correr o saltar. El problema cede normalmente con reposo relativo en casos leves y el pronóstico a largo plazo es muy bueno tomando en cuenta que cuando el proceso de maduración ósea se complete, el problema desaparecerá (aunque no los factores mecánicos que pueden generar lesiones futuras, de lo que hablare más tarde).

Esta entidad patológica es multifactorial y muchas veces se acusa a un solo factor como el elemento que desencadena toda la alteración, llegando en ocasiones a presentarse en el consultorio discusiones y acusaciones lamentables entre padre y madre, a veces tristemente alentadas por el medico quien de manera incorrecta puede tomar partido por una u otra postura y desinformar a los pacientes.

El chico (regularmente el paciente es niño con una relación de 6 a 4 entre hombre y mujer) acude por dolor en el talón que se incrementa especialmente al término de su práctica deportiva. La edad de presentación típica en niños es de 12.5 años y en la mujer los 11.8 años.

Uno de los factores más discutidos es la presencia de sobrepeso. Sin embargo, este factor no ha encontrado un sustento científico importante por sí mismo, entendiendo que saltar con peso inactivo encima como es el tejido adiposo, siempre será una desventaja mecánica frente a realizarlo con masa magra o muscular. Entonces tenemos un factor que si bien no se puede ubicar como el más importante si podría jugar un rol en la biomecánica del gesto motor como la carrera pero especialmente el salto. Dicho factor es, sin lugar a dudas a esta edad, una responsabilidad compartida entre padres – hijo y entorno.

Otra situación común es la cantidad de tareas motoras a la que se somete al joven, entendiendo que se trata de una lesión asociada al sobreuso, la consecuente sobrecarga del tejido y su pobre adaptación de los tejidos a dicha carga. En este escenario podemos decir bastante. De quién es la responsabilidad de que el chico sea sometido a una exigencia motora elevada; en un afán acusatorio, como es común en nuestro comportamiento social, podríamos ubicar a los padres como esos maléficos seres que en un afán compensatorio a través de su hijo deciden someterlo a tales procesos lesivos de manera negligente. Esta situación puede ocurrir hasta cierto punto y de manera ocasional. Sin embargo me parece que la realidad es que la intención de un padre con medio gramo de salud mental, es la de ofrecer los elementos formativos que el deporte procura a su bien más preciado: los hijos.

Así que entonces la culpa es del chico que se obsesiona con el desarrollo de las tareas motoras que al ser dominadas se secretan sustancias como endorfinas, dopamina y testosterona y se amalgaman adeptos en su entorno grupal lo que lo llena de placer y aceptación, a pesar del daño que en su cuerpo se genera. No dudo que estos casos existan, pero la generalidad no se ubica en ese extremo distorsionado del fenómeno. Entonces el responsable es el entorno, que con su propaganda inmisericorde satura los medios con mensajes que hacen héroes a los que sacrifican todo por un logro deportivo exaltándolos hasta el delirio, pero derrocándolos ante la falla más discreta.

Una vez más me parece que con una estructura individual suficiente, otorgada por una familia promedio, esos extremos no son la regla de los pacientes con estos padecimientos. Pero qué tal los entrenadores que en función del resultado necesario en sus competencias para dar vigencia a su actividad, exigen al muchacho hasta el extremo de la lesión. Una vez más me parece que esto, en un entrenador sabio y una familia vigilante, provocaría que el dolor del niño asociado a la pérdida del desempeño deportivo generara más una alerta que una insistencia absurda.

Pero qué tal el médico o personal de salud, que en una ignorancia de conceptos, sólo brinda analgésicos o infiltra de manera absurda al paciente para resolver la “necesidad” del paciente que es regresar a jugar lo antes posible, sin hacerle entender de manera clara y extensa la naturaleza del problema. Una vez más, la ignorancia del personal de salud radica más en la mala elección del médico que en acciones de mala fe.

Con lo anterior podríamos decir que esta patología es una bola de nieve de la que muchos podemos tener culpas concretas y que regularmente en algún punto alguno de los integrantes de este fenómeno permite que se haga más grande, ya sea el medico con su inexperiencia o el entrenador o padre o entorno social etcétera. Sin embargo no hemos nombrado al factor más importante de todos, que realmente define el curso de la enfermedad: La biología. Y es que, cómo saber que 120 saltos (solo por citar un ejemplo) diarios son efectivos para desarrollar la fuerza reactiva en un individuo de la misma edad y características muy similares de un chico X, pero que en el chico Y bajo el mismo régimen le generen una lesión como la que aquí presento.

La verdad, es que hoy día hay desarrollos científicos que buscan en los aspectos estructurales de la unión del tendón al hueso a través de la ecografía (ultrasonido), estudios a través de marcadores celulares, a través de densitometría ósea, de rayos X, moleculares y hasta genéticos para determinar cuáles son las características de los asimiladores y los no asimiladores de la carga. Lo que en un futuro y sumando los resultados de esta ciencia de frontera estoy seguro que nos permitirán orientar nuestros entrenamientos para evitar lesiones que desde hace un siglo ya tienen nombre, pero que es la fecha en la que apenas la estamos comprendiendo.

Foto: Photos.com

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1 Comentario

  1. maria 23/08/2014

    hola que tal me llamo maria gonzalez y soy de venezuela, corro desde hace aproximadamente unos 4 o 5 años! ,, mis dos ultimos años me he entrnado para corredor de fondo o de distancias largas. lo mayor que he hecho son 32 km! .. eso fue en enero mas o menos de este año. lo cierto del caso, es que tuve que parar de correr como por un mes, al retomarlo siento una gran pesadez en las piernas que me impide continuar ( al minuto 3-4) incluso antes podia correr 10 km en menos de 58 minutos ahora eso es un sueño practicamente, tengo al rededor de 4 meses con este problema y lo max que he podido correr sin detenerme son 16 minutos, y con pausas hasta 35 minutos. la pesadez empieza en las pantorrillas y luego me aabarca toda la pierna. es como si no hubiese estirado bien mis musculos, pero si algo hago bien es eso, quisiera saber 2que podria ser y como solventarlo, muchas gracias

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