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Estuve en: Mundial de Ciclismo de Ruta en Holanda (1/2)

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Por Cristóbal Sahr

Escribo este reporte todavía confundido por emociones e impresiones, todas intensas, inesperadas e inexploradas en mi corta vida de cronista.

Un poco de contexto

Largamente planificado, como se hacen en exceso los eventos deportivos en la vida, me vi inscrito para la maratón de Berlín. Meses de kilometraje de trote traicionaron a mi bicicleta, y llenaron mi vocabulario de series, elongación, fascias y tendinitis.

Previo a la maratón, recorreré el norte de Alemania a visitar el pueblo de mi abuelo, cercano a Hamburgo; luego, pasaré tres días en Amsterdam para conocer su atractiva cultura libre y legalista en todo sentido. Así voy feliz por la vida, traicionando mis principios de ciclista por los del trote y sus derivaciones. Pero el destino me ataca una vez más: a días del vuelo, retomo la nostalgia y leo simplón la previa del Mundial de Ruta: Holanda, el mismo fin de semana que estaré en Amsterdam… El cuerpo se eriza y no lo pienso dos veces: el Mundial de Ciclismo entra en el itinerario.

mundial ciclismo

Más contexto!

Este mundial se corre en la región de Valkenburg, triple frontera holandesa con Bélgica y Alemania. La carrera recorre la clásica subida del Cauberg, tradicional meta de la centenaria Amstel Gold. En un circuito se realizan 10 ascensos al Cauberg, terrorífico para embaladores, perfecto para los potentes clasicómanos y quién sabe, tal vez para un escalador.

En el tren desde Amsterdam, cruzo el país en 2 horas y media. En cada estación se sube la curiosa fanaticada del ciclismo europeo. Todos con banderas de sus países y regiones, cargados de comida y cerveza para una fiesta gratis, y que acepta todo tipo de condición etaria, por igual.

Ya en Limburg, sector del ascenso al Cauberg, los pasajeros angustiados caminan veloces. A lo lejos se escuchan las campanas; ya son miles los que se han instalado desde temprano para ver el espectáculo que realizan las categorías juveniles en este mismo circuito.

PuroFondo Chile

Detalles que llaman la atención

El espectáculo es impecable, toda la subida está amplificada con parlantes en sus postes de luz, para que locutores en holandés e inglés animen especialmente a los espectadores. Los bares alrededor de la subida a tope, carros de comida y cerveza, y grúas a lo lejos con pantallas para ver la transmisión oficial, y… gratis. Espectáculo fácil y garantizado desde lo básico: información, comida y cerveza a la mano.

El formato es perfecto, los Juveniles dan sus últimos giros al circuito de 16 kilómetros; el Cauberg grita cada 30 minutos promedio.

En paralelo, los hombres Elite vienen recorriendo 100 kilómetros antes de entrar el circuito, o sea, los Juveniles llegan a meta y en minutos los Elite han entrado al Cauberg. Ni un minuto para quedarse sentado, seguir comprando cerveza es la única opción.

En Juveniles diviso una tricota de Chile, es José Luis Rodríguez, ciclista que conozco poco, pero intento gritar y mostrarle mi bandera. Va concentrado en un grupito, subiendo el Cauberg a tempo.

La punta va en mil pedazos, muchos en solitario, la subida ha cobrado víctimas y se espera algo similar con los Elite.

Las pantallas ya muestran el pelotón Elite que se acerca. Marc Cavendish tira del pelotón a lo bestia; el campeón defensor -sin posibilidades con esta subida-, se pone al servicio de sus compañeros ¡Qué nobleza! Qué envidia su labor, qué dignidad el poder ponerse al servicio del equipo de esa manera.

(Continúa pronto…)

 

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